Basílica de San Pedro en el Vaticano

Basílica de San Pedro en el Vaticano

Piazza San Pietro. (Abre el mapa)

Descripción

La basílica de San Pedro se alza en el Vaticano, en el lugar donde la tradición sitúa la tumba del apóstol Pedro. Es la mayor iglesia católica, una obra maestra del Renacimiento y del Barroco cuya cúpula domina desde lejos el perfil de la ciudad.

El exterior es de travertino, con la fachada de Carlo Maderno, de unos 115 metros de ancho. Sobre el portal central se abre la Logia de las Bendiciones, desde donde se anuncia al pueblo la elección de un nuevo papa.

Dentro, las proporciones desconciertan: la basílica mide 218 metros de largo y la nave central es una inmensa galería de mármoles, hornacinas y estatuas, con diez mil metros cuadrados de mosaicos en sus superficies.

El pavimento es un diseño de Bernini para el jubileo de 1650, con un disco de pórfido rojo de la basílica antigua, la Rota Porphyretica, sobre el que se arrodilló Carlomagno el día de su coronación.

Al fondo, bajo la cúpula, el baldaquino de Bernini, casi 30 metros de bronce sobre cuatro columnas salomónicas, cubre el altar papal, justo en la vertical de la tumba de Pedro. Más allá, en el ábside, la Cátedra de San Pedro es un relicario monumental de Bernini, con la paloma que resplandece encima.

La cúpula de Miguel Ángel es el emblema de la basílica: más de 133 metros de altura, dos casquetes uno dentro del otro como en Florencia, 551 escalones desde la base hasta la linterna. Quien sube ve Roma desde lo alto y, dentro, los mosaicos que giran bajo la bóveda.

En la primera capilla a la derecha está la Piedad, esculpida por Miguel Ángel en 1499, siendo muy joven, y hoy protegida por una urna de cristal. El mármol es tan liso que parece blando. En la misma nave encuentras también la tumba de san Juan Pablo II.

Contra un pilar, la estatua de bronce de san Pedro se atribuye a Arnolfo di Cambio. Entre los monumentos funerarios destacan el de Alejandro VII, obra de Bernini, donde un esqueleto sostiene el reloj de arena ante una puerta, y el de Clemente XIII, de Canova. Bajo el pavimento, en las Grutas Vaticanas, descansan muchos papas.

Para construir todo esto hicieron falta más de un siglo y toda una cadena de papas. En su lugar había una basílica fundada por Constantino en el siglo IV, que en 1505 Julio II decidió derribar para dar paso a un proyecto nuevo, que confió a Bramante.

Bramante demolió buena parte del edificio antiguo, y Roma no se lo perdonó: lo llamaron «maestro ruinante», el maestro demoledor. Después de él, la obra pasó a Rafael y a Sangallo, y en 1547 a Miguel Ángel, ya septuagenario, que puso en marcha las obras en varios puntos a la vez para obligar a sus sucesores a respetar su diseño.

Miguel Ángel no vio terminada la cúpula: a su muerte se había llegado al tambor. La cerró Giacomo Della Porta en apenas dos años, con una curva más esbelta. Luego Maderno alargó la nave y la fachada, y Bernini llenó el interior de obras maestras.

Imprescindible
• La Piedad.
• El baldaquino de Bernini.
• La cúpula.
• La Cátedra de San Pedro.
• Las Grutas Vaticanas.

¿Sabías que…?
• El bronce del baldaquino se sacó del Panteón.
• En el pavimento de la nave, unas estrellas doradas marcan la longitud de otras grandes iglesias del mundo: ninguna llega al fondo.
• La Piedad está protegida desde 1972, cuando un hombre la golpeó varias veces con un martillo.